Feliz día de la patria! Feliz bicentenario! Para todos aquellos que no lo saben hoy es el cumpleaños número 200 de la Argentina. Dicho así nomás parecen un montón pero en comparación con otros países , somos un país muy jóven. La ciudad de Bs As realmente se vistió de fiesta. Se realizaron un montón de actividades especiales, recitales, desfiles, proyecciones gigantescas, fuego artificiales, bailes, en fin muchísimas cosas como para que el festejo fuera inolvidable. La verdad es que yo no tengo recuerdo de haber vivido algo igual en el que todos festejamos sin distinciones(porque este no es un mundial de fútbol o alguna elección política) Los monumentos emblemáticos estaban iluminados de celeste y blanco, se escuchaba música folclórica de fondo y miles y miles de personas caminando y disfrutando de todo. Ojalá todos los años se viviera algo igual. Realmente inolvidable.
Es muy común que en los actos de los colegios del 25 de Mayo haya alguna negrita con una canasta en el brazo gritando a viva voz: Pastelitos calientes! Para las viejas sin dientes! La verdad es que no se si la canasta estará con pastelitos o no, pero lo cierto es que esto cuenta que este dulce existe desde la época de la colonia. En casa no podíamos dejar pasar la oportunidad y nos pusimos a amasar. La masa, la de hojaldre, es bastante complicada , no les voy a mentir , pero el resultado es totalmente distinto al de la masa comprada ya hecha. Yo usé la receta de Blanca Cotta de su libro La cocina divertida de Blanca Cotta. 
INGREDIENTES
225 gs harina 0000 (de repostería)
225 gs manteca (mantequilla)
pizca de sal
130 cc agua a temperatura ambiente
grasa porcina(manteca de cerdo), bovina o aceite
dulce de membrillo
dulce de batata
Colocar la harina junto con la sal y agregarle en el centro una cucharada de la manteca indicada a temperatura ambiente. Luego agregar el agua y amasar hasta que se mezcle bien la manteca y no queden grumos. Tiene que se una masa blanda que no llegue a pegotearse en las manos. Ojo no hay que pasarse en el amasado porque se endurece. Reservar tapada una media hora. Mientras darle a la manteca una forma de cuadrado chato y llevarla a la heladera. Tomar la masa , estirarla en forma de cuadrado y colocarle en el centro la manteca , cerrar tomando las esquinas de la masa como si fuera un sobre, escondiendo la manteca . Pasarle el palote y fomar un rectángulo. La idea de esta masa es que nunca se nos escape la manteca para a fuera. Una vez que estiramos bien el rectángulo . lo dividimos en tres imaginariamente y plegamos el lado derecho sobre el del centro y luego el izquierdo sobre el centro. Amasamos nuevamente y volvemos a formar el rectángulo y repetimos esta última operación de plegado. Llevamos a la heladera media hora, volvemos a estirar y repetimos dos veces más el plegado. Llevamos ahora una hora la masa a la heladera para que repose, luego la retiramos y amasamos hasta que quede bien finita, igual que las que compramos. Cortamos cuadraditos pequeños (yo de 8 cm por 8 cm) y colocamos en el centro un cuadradito de dulce. Pincelamos con agua alrededor del cuadradito y colocamos la masa de tapa formando una estrella o sea que no hacemos coincidir los vértices. Pellizcamos hacia arriba como si fuese una flor y los ponemos a cocinar. Esta vez hice la versión frita y la horneada. Me quedo mil veces con la horneada. Si los vamos a freir, colocamos la grasa en un cacharrito y cuando está bien caliente sumergimos el pastelito. Retiramos cuando está dorado. Si lo vamos a hacer al horno simplemente horno moderado hasta que doren también. Se pueden bañar con un almíbar hecho con partes iguales de azúcar y agua hasta que espese un poco o con azúcar impalpable. Se pueden decorar con granas de colores. A mí me salieron unas quince unidades.
Si quieren disfrutar de una comida bien típica para un día patrio entonces preparen un buen locro , algunas empanadas de carne o de humita , de postre una porción de postre vigilante y para el mate de la tarde estos ricos pastelitos.
Estamos en otoño y eso se siente en el ambiente. Lo extraño es que uno espera lo mismo todos los años. Que venga el frío de golpe y salir abrigados como si el cambio de estación fuera automático. La realidad es que este año , como otros tantos años el frío de verdad no aparece. Los mejores indicios del cambio de estación son las hojas secas que cubren las veredas y los jardines de todo el barrio. Recuerdo cuando era chica de disfrutar un montón pisando las hojas secas de los plátanos que cubrían las veredas, dejándolo totalmente alfombrado de amarillo. Qué linda sensación! Escuchar el crujir debajo de los pies y sentirse en una nube de papel reseco. Supongo que seguirá sucediendo lo mismo en esas calles, aunque ahora vivo en otro lugar y eso no sucede por aquí.

Uno de los más lindos recuerdos que tengo de mi infancia es ir al campo de Zelaya de mi tía Monona. Las cosas más sencillas se quedan grabadas en nuestra memoria y cuando menos lo esperamos surgen otra vez y nos sacan una sonrisa. Ella era una de esas personas re-campechanas, de las que se arremangan para hacer lo que sea. Vivía en la ciudad y tenía una casita en el campo para distenderse, y no tanto. Digo no tanto porque era una casita que fue armando de a poco y le faltaban miles de cosas o sea que le daba bastante trabajo. Al principio no tenía ni agua ni luz y eso era lo mejor de todo, al menos para mí. Era como vivir unos días en un libro de cuentos. Si querías agua tenías que sacarla con la bomba. La experiencia era divertidísima ya que yo era tan chica que cuando la manija subía , yo quedaba literalmente colgada del fierro. A la noche teníamos que prender unas lámparas a kerosene que se llamaban sol de noche. Para mí, esa parte era genial , el juego de luces y sombras , los bichitos que se empeñaban en llegar a la llama, y el olor tan carcterístico que ella desprendía. Afuera era campo por todos lados y calles de tierra. A unos metros del terreno estaba el campo sembrado, y de vez en cuando había maíz. Entonces nos metíamos a caminar entre las plantas y nos llevabamos un par de choclos para comer bien fresquitos. Para mí, eran los mejores choclos que jamás habíamos comido. Hoy en día estoy tan lejos de ello que me provoca añoranza.
El pan que les presento hoy es de una receta que tomé del fabuloso blog de
Muy tímidamente comienza el frío y le damos la bienvenida a platos distintos; guisos, cazuelas y sopas empiezan a asomarse en nuestras cocinas. A mí el fresco me gusta mucho más que el calor , así que disfruto mucho de esta época del año. Siento que la energía fluye mucho mejor dentro mío cuando no me siento agobiada por las altas temperaturas. 
INGREDIENTES

