500 gs harina integral fina
350 gs harina 000
125 gs salvado de trigo
4 cucharadas aceite girasol
50 gs levadura cerveza
2 cucharaditas llenas sal fina marina
agua tibia lo necesario
Esta vez hice la masa madre, puse en un bowl la levadura desmenuzada con una pizca de azúcar y dos cucharadas de harina. Le agregué un poco de agua tibia ¡ojo! no caliente y la disolví. Ahí hay que dejarla reposar hasta que duplique su volúmen y se haga como una esponja.

En un bowl puse los sólidos o sea todo lo que restaba de los ingredientes y le agregué la espuma que obtuve anteriormente y el aceite. Fui mezclando y agragandole el agua necesaria hasta formar un bollo húmedo pero no super pegajoso. Lo dejé leudar en un bowl espolvoreado con harina para que no se pegotée.
Cuando duplicó el volúmen, casi una hora, lo desgasifique y amasé con ganas. Lo volví a poner en el bowl para que leve otra vez. Repetí el amasado cuando duplicó otra vez el volúmen y puse a leudar dividido en dos bollos pero esta vez los puse a cada uno en un molde rectangular de chapa. A uno de los dos le mezclé semillas de sésamo (que tienen mucho calcio); se puede agregar cualquier semilla que tengas a mano todas quedan bien. Queda bien espolvorearles un poco de las mismas semillas sobre la superficie.
Acá prendí el horno y puse una fuente con agua caliente en el piso del horno para darle humedad. Cuando levaron los llevé al horno hasta que se cocinaran. Para saber si estaban listos los pinché y el palito salió seco. El sabor exquisito, con gusto a hogar.



